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Subestimar a Trump, el peor error

 

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A lo largo del proceso de primarias y tras alzarse como el virtual nominado presidencial

republicano, Donald Trump ha sido un libro abierto.

Mostró su esencia marcada por el prejuicio, el sexismo y la crueldad. Su falta de autocontrol y

empatía es notable.

El domingo 12 de junio utilizó la tragedia de Orlando, Florida, para lanzar ataques políticos y

autocongratularse, según él, por “estar en lo correcto” en torno al “terrorismo islámico radical”.

Su narcisismo no tiene límites.

Algunos de los líderes de la élite republicana aceptan que sus comentarios sobre el juez federal

Gonzalo Curiel son racistas pero su lógica es que más vale apoyarlo que pensar en la posibilidad

de que la demócrata Hillary Clinton sea la próxima presidenta.

Piense nada más en la magnitud del razonamiento: admiten que lo dicho por Trump es racista,

pero prefieren apoyarlo porque el partidismo antecede cualquier viso de decencia. No hay que

abstenerse. Hay que votar por el nominado, sea quien sea y diga lo que diga.

El líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell (R-KY), incluso recomendó

que para evitar exabruptos, Trump lea sus discursos en un teleprompter y no se desvíe de lo

Así lo hizo el 7 de junio, fecha del último Supermartes, y cuando de manera oficial se convirtió

en el virtual nominado presidencial republicano. Y el presidente del Comité Nacional

Republicano (RNC), Reince Priebus, aplaudió el discurso y la estrategia.

Para ellos el magnate naranja tiene sólo un problema de “tono”. Trump puede leer mil discursos

sin salirse del libreto, como el viernes, que dijo ante el cónclave de evangélicos conservadores

que “nadie debe ser juzgado por su raza o el color de su piel”.

Pero ya todos sabemos lo que piensa, lo que ha dicho y lo que es. Su problema no es de tono. Es

Aunque esa esencia horrorice a algunos y preocupe a otros, los votantes republicanos lo eligieron

como su abanderado contra todos los pronósticos,

Y si a algunos nos preocupa cómo sería una presidencia de Trump y qué efecto tendría sobre

nuestra sociedad y nuestra relación con el resto del mundo, también me preocupa el peligro de la

El peligro de subestimar a Trump y pensar que una figura tan divisiva y peligrosa no tiene

posibilidades reales de ganar una elección general en Estados Unidos.

Lo mismo dijeron cuando se postuló y subestimaron, incluso sus contrincantes, la rabia

contenida de un sector del Partido Republicano que al sol de hoy no se recupera de que un

afroamericano ganara la presidencia en 2008 y menos de que fuera reelecto en el 2012.

El mismo sector que ve en los cambios demográficos de este país, no una oportunidad sino una

terrible amenaza. Un sector que abraza el nativismo y el aislacionismo.

Encontraron en Trump a su Mesías; alguien que promete “hacer a Estados Unidos grande otra

vez”, que en este caso supone un tiempo donde las minorías y las mujeres no tenían derechos. Y

están energizados.

Hay quienes piensan que la sola presencia de Trump en la boleta electoral hará que los diversos

sectores requeridos para ganar la Casa Blanca acudan en masa a las urnas, y ojalá que así sea.

Los demócratas tienden a dan por sentado que grupos como los latinos votarán por ellos en masa,

sobre todo ahora que están bajo ataque.

Pero movilizar a esos votantes y a otros sectores requiere inversión y empeño, especialmente en

un ciclo electoral impredecible como el actual.

Un ciclo donde la complacencia y subestimar a los fanáticos de Trump puede tener

consecuencias devastadoras.